martes, 21 de diciembre de 2010

Ciclo

Alguna vez fui un veloz atleta que entrenaba muy duro para ganar cada una de las carreras que estaban por venir. Siempre fui competitivo y no me gustaba perder, quizás por eso es que me he retirado de las pistas.
No hace mucho tiempo, en la última competencia en la participé, me tocó vencer a muchos colegas. En ese preciso instante me sentí realizado, invencible, casi como un Dios. ¡Qué torpe fui aquella vez!, y no sólo hablo de mi soberbia para con los demás... Me refiero a la gran decepción que sufrí mientras recibía la última medalla.

La competencia puntal finaliza cuando el atleta más audaz logra cruzar la meta antes que cualquiera. En esa dinámica muchas veces fui el campeón. Pero todo el tiempo, cada vez que llegaba a la meta estaba volviendo a empezar. Es que no hay partidas ni metas, y si las hay son sólo imaginarias; lo que existe es un camino infinito como el perímetro de un círculo, sin comienzo y sin final.

He ahí mi tristeza, que todo lo que he logrado en esta vida vuelve a comenzar de cero. Ahora soló me dedico a ver con cierta nostalgia como aquellos muchachos jóvenes corren dando vueltas sin saber lo que hacen, con la certeza de que algún día, tal como yo, se percatarán de su torpeza y quedarán postrados en sus camas hasta que esta rueda de la última vuelta de la que se tenga memoria.

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