martes, 21 de diciembre de 2010

Ciclo

Alguna vez fui un veloz atleta que entrenaba muy duro para ganar cada una de las carreras que estaban por venir. Siempre fui competitivo y no me gustaba perder, quizás por eso es que me he retirado de las pistas.
No hace mucho tiempo, en la última competencia en la participé, me tocó vencer a muchos colegas. En ese preciso instante me sentí realizado, invencible, casi como un Dios. ¡Qué torpe fui aquella vez!, y no sólo hablo de mi soberbia para con los demás... Me refiero a la gran decepción que sufrí mientras recibía la última medalla.

La competencia puntal finaliza cuando el atleta más audaz logra cruzar la meta antes que cualquiera. En esa dinámica muchas veces fui el campeón. Pero todo el tiempo, cada vez que llegaba a la meta estaba volviendo a empezar. Es que no hay partidas ni metas, y si las hay son sólo imaginarias; lo que existe es un camino infinito como el perímetro de un círculo, sin comienzo y sin final.

He ahí mi tristeza, que todo lo que he logrado en esta vida vuelve a comenzar de cero. Ahora soló me dedico a ver con cierta nostalgia como aquellos muchachos jóvenes corren dando vueltas sin saber lo que hacen, con la certeza de que algún día, tal como yo, se percatarán de su torpeza y quedarán postrados en sus camas hasta que esta rueda de la última vuelta de la que se tenga memoria.

domingo, 25 de julio de 2010

Palabras, segundos, destino y mis fantasías acompañadas de un café en el frío de julio.

Y pensar que con pocas palabras puedes salvar la vida de alguien. Pocos segundos pueden marcar diferencias notables. Espero que las cosas estén en ese preciso lugar en el que tú y yo nos podamos ver a los ojos, y solo contemplarnos.
Ya después de aquello los nudos se desatan y comienzan a durar mas los días, porque en estos días estoy contigo y cuando estoy contigo no me fijo en la velocidad de los relojes, mas bien me sumerjo en la letanía de tu cuerpo, de tus frases y de tus sentimientos.
Y pensar que con aquellas escuetas palabras pudiste haber salvado una vida.
Pocos segundos faltaron para que fueras mía.
Ahora solo puedo contemplar tus ojos mientras apago una luz y se tapan mis pupilas.
Que ironía, pensé que podía acariciar tus manos mientras el frío y la lluvia nos caía encima,
pero ya me he dado cuenta que el destino es caprichoso y sencillamente deseaba que esto fuese una elegía.